Apuntes de arte

Tauromaquia: el mundo taurino en Picasso

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

A una edad muy temprana, el padre de Pablo Picasso cultivaría en su hijo una ferviente pasión por las corridas de toros en las plazas malagueñas y de La Coruña. Sin llegar nunca a practicarla, la tauromaquia se convertiría en más que una afición para el artista, y a lo largo de su trayectoria se erigiría como uno de sus principales motivos pictóricos.

Desde su óleo a los nueve años El picador amarillo (1890), uno de los primeros cuadros que se conocen del pintor, que los protagonistas de esta tradición española aparecerán representados en pinturas, platos, obras de cerámica, grabados, esculturas y dibujos. A través de las diferentes épocas artísticas, el toro picassiano servirá como alter ego del artista y representación de la virilidad española, al mismo tiempo que una alegoría de la lucha dramática entre la vida y la muerte. Más tarde, este simbolismo también se verá reflejado en la figura del minotauro

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A partir de una revisión biográfica, podemos realizar un breve recorrido por sus obras taurinas más destacadas: 

Años de formación y pasión por el toro

Como hemos mencionado antes, desde bien pequeño su padre lo llevaría asiduamente a la plaza de toros de “La Malagueta”, despertando en Picasso una de sus más grandes aficiones. En sus primeros apuntes y bocetos que retratan la fiesta taurina ya vemos la rápida consolidación de su pincelada, además de los juegos de luz y composición. Toro y torero asumirán ambos papeles de víctima y matador en varias de sus obras, mientras que el simbolismo de la tauromaquia en sí poco a poco se irá asociando a la violencia y el erotismo, dos de las pasiones que mejor retrataban el temperamento del pintor.

Al mudarse a Barcelona en 1895, la ciudad le brindaría otros intereses artísticos que le apartarán temporalmente de su amor taurino, aunque entre algunas de sus pinturas vemos plazas de toros con una marcada influencia de los pintores del modernismo catalán, tales como Marià Fortuny o Ramon Casas. Goya también será una de sus mayores influencias, sobre todo durante su estancia en Madrid (1897-1898), pero de vuelta a Barcelona en 1899 el toreo ganaría un nuevo impulso en su producción y en ese mismo año realizaría su primer grabado, El zurdo

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El Zurdo, Pablo Picasso, 1899. Imagen: Museu Picasso de Barcelona

La tauromaquia en las primeras vanguardias

A partir de su etapa azul, el mundo taurino quedaría relegado a un segundo término y aparecería ocasionalmente en alguna de sus obras. Torero y caballo se convertirían en símbolos de una tragedia dramática, ante los ojos de un público apático y mudo. Por otra parte, el Picasso con más sentido del humor retrataría a sus amigos más allegados de Barcelona (y a él mismo) como toreros. 

Una vez inmerso en el mundo de las vanguardias y el cubismo, los retratos, bodegones e instrumentos musicales cobraran el papel protagonista. Sin embargo, a mediados de 1911 y 1913 algunos elementos secundarios como letras, palabras o símbolos intercalados dentro del cuadro cubista harán un especial guiño a las corridas del sur francés, como El aficionado. En 1917, de nuevo en Barcelona, dibujará el famoso Caballo corneado, metáfora del sufrimiento y de una muerte dolorosa, inevitable e inminente. Este tipo de dibujos se repetirán a lo largo de la próxima década, como Toro atacando un caballo, cada vez más sanguinarios y con matices sexuales

Expresionismo y minotauros

La llegada del fascismo y los trágicos acontecimientos de la Guerra Civil española y de la Segunda Guerra Mundial desatarán en sus toros unas formas tortuosas y desfiguradas que acentúan la sensación de angustia, miedo y muerte. Esta crisis emocional se verá agravada por la aparición de la joven Marie-Thérèse, con quien mantendrá una aventura amorosa a la sombra de su matrimonio con Olga Khokhlova, que llegará a su ruptura en 1935. En esta etapa expresionista las tauromaquias son más salvajes y desgarradas, donde toro y caballo (símbolos del hombre y la mujer) se enfrentan en una lucha a muerte donde el resultado siempre es violento y melodramático. Esta violencia desenfrenada llegará a su zenit con su obra cumbre El Guernica, donde el toro y el caballo ocupan un espacio central dentro del cuadro.  

Poco después Picasso apostaría por trasladar el imaginario simbólico del toro a la figura mitológica del minotauro. En 1933 se encargaría de la portada de la revista surrealista Minotaure y llevaría a cabo 11 láminas de aguafuertes con esa misma figura dentro de la colección Suite Vollard, en las que destacan los cuatro minotauros ciegos y abatidos. Dos años más tarde, su grabado la Minotauromaquia recibiría el reconocimiento internacional; en él se refleja una relación amorosa violenta entre el animal destructivo y libidinoso del minotauro y una joven indefensa, probablemente Marie-Thérèse.

La Tauromaquia o el arte de torear, de José Delgado

En las próximas décadas las corridas aparecerían relativamente poco en sus pinturas y cerámicas, a pesar de ir a verlas de forma concurrida y hacerse amigo cercano de algunos toreros de gran fama. No será hasta sus últimos años, concretamente en 1956, que decidirá retomar una negociación con el editor Gustau Gili Roig que se remontaba a 1928. Se trataba de la ilustración en la editorial La Cometa del tratado de 1796 La Tauromaquia o el arte de torear, de José Delgado, más conocido como el torero Pepe-Hillo, un texto de referencia del arte taurino. 

Usaría una técnica de punta seca para la portada y llevaría a cabo 26 aguatintas al azúcar que destacan por las manchas de tinta que forman sombras chinescas y que recuerdan al arte de estilo japonés. En ellas, Picasso escenifica diferentes momentos del arte taurino de aquellos años, captando el movimiento con vivacidad pero desde un plano objetivo. También se le añaden a esta edición dos estampas de picadores y 10 fotografías de David Douglas Duncan que plasman el proceso de la obra. En 1960 se venderían todas las ediciones en la sala Gaspar de Barcelona, pero las planchas originales se conservan todavía en el Museo Picasso de la misma ciudad.

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La Tauromaquia, Pablo Picasso, 1959. Imagen: Museu Picasso de Barcelona

Esperemos que les haya gustado este artículo sobre esta interesante faceta del autor y que también les haya servido para disfrutar aún más de sus cuadros.

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