Apuntes de arte

Joan Brotat y las segundas vanguardias

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

En este artículo hablaremos sobre la vida de Joan Brotat, su estilo y relación con las segundas vanguardias, así como de una de sus obras más destacadas.

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Biografía 

Joan Brotat (Barcelona, 1920 – Barcelona, 1990) nació en el barrio de La Ribera, en el seno de una familia de artesanos zapateros. Participó en la Guerra Civil Española como miembro de la Quinta del Biberón. Capturado en su huida hacia Francia, fue apresado y permaneció unos meses prisionero en el Campo de Concentración de Cervera.

Retrato de Joan Brotat. Imagen: Fundación Cristino de Vera

Durante los primeros años de posguerra, su familia se vio obligada a cerrar el negocio y los hijos abrieron un establecimiento de encuadramientos, en el que trabajó Joan. Este hecho le condujo a estudiar cursos orientados a las artes aplicadas y a acabar introduciéndose en la pintura. Realizó diversos cursos de arte en el Ateneo Obrero, la Academia Martínez Altés y el FAD (Fomento de las Artes Decorativas).

El intelectual y artista Josep Maria de Sucre descubrió sus pinturas y le introdujo en los círculos artísticos de la Barcelona de los años cincuenta. Brotat se inició en las exploraciones de los movimientos vanguardistas que tuvieron lugar en los Salones de Octubre de Barcelona y que fueron lideradas en Cataluña por el grupo Dau al Set. 

Más tarde, Eugeni d’Ors lo acercó al X Salón de los Once de Madrid (1953), en el que también participaban figuras como  Antoni Tàpies, Antonio Saura o Rafael Zabaleta.

Desde ese momento, continuó su trayectoria marcada por su estilo personal y que alcanzó su apogeo en la década de los sesenta. 

Joan Brotat y las segundas vanguardias

Después de iniciarse en el informalismo y la experimentación con el collage, Brotat acabó definiendo un estilo muy personal, marcado por un cierto primitivismo y una clara inspiración en el arte del románico catalán.  

Durante la primera época, hasta 1957-58, sus obras tenían como protagonistas seres sencillos, inocentes, hieráticos que se encontraban en un mundo ingenuo. Su pintura era plana, frontal, barroca, medieval y naïf. Brotat fue evolucionando hacia un arte más atormentado y tenebrista. Posteriormente, su arte se suavizó, se volvió más sereno pero en su obra subsistía el drama. 

L’estel, Joan Brotat, 1950. Imagen: Pintura Catalana. Segones Avantguardes.

Como comenta Álex Mitrani en Pintura Catalana. Segones Avantguardes (2020), “la deliciosa gracia de la obra de Joan Brotat es una de las aportaciones más originales del renacimiento de la vanguardia en Cataluña en el duro contexto de la posguerra, el testigo de una emotiva lucha por recuperar el derecho a la inocencia y dar un sentido poético a la realidad”. 

Para Mitrani, L’estel se caracteriza por su monumentalidad antigua, el linealismo, la esquematización y los colores planos. Se trata de una composición simple y dinámica, que contrasta con unas figuras impávidas

Su estilo brusco y directo se acerca a un arte infantil,  sintetiza el primitivismo de los movimientos vanguardistas de la época y está influenciado por la pintura románica. 

En L’Estel, Brotat utiliza una gama cromática de rojos intensos recorridos por líneas gruesas, ondulantes, muy dinámicas, en negro o en azul muy oscuro, directamente tomada de los frontales de altares románicos. 

En esta pintura hay, también, una posible citación de La masía (1921) de Joan Miró, la otra gran fuente de inspiración para Brotat, tanto en la cabra como en el gallo, enfrentados a varias alturas sobre unos objetos que les sirven de podio. 

La Masía, Joan Miró, ca. 1921. Imagen: El Temps de les Arts 

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