Apuntes de arte

Litografías antiguas: arte para todos los públicos

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La litografía es una técnica que permite estampar una imagen en un soporte como el papel a partir de una piedra. A pesar de lo que pueda parecer, se trata de una técnica relativamente reciente, descubierta en 1798 por Aloys Senefelder. Esto hace que, al hablar de litografías antiguas, en realidad se esté hablando de obras que datan de principios del siglo XIX.

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Aunque la litografía se utilizó de forma muy habitual a lo largo del siglo XIX y principios del XX para ilustrar carteles y diarios, hoy en día esta práctica ha caído en desuso, centrando su utilización principalmente en obra gráfica de contenido artístico

Qué es la litografía

La litografía es un sistema de impresión, basado en el fenómeno de la repulsión existente entre el agua y las materias grasas. Para ello, se utiliza una piedra en la que se fija el dibujo mediante una base grasa sobre la piedra litográfica (o bien sobre una plancha metálica de zinc o aluminio). Después, gracias a dos series de rodillos, unos con agua y otros con tinta, se consigue que la impresión de la tinta se realice sobre el soporte deseado, generalmente papel o cartón. 

Origen y creación de las litografías antiguas

El método de impresión litográfico fue descubierto por Aloys Senefelder en 1798, época de la que proceden también las primeras litografías de las que se tiene conocimiento. Senefelder era un autor teatral con pocos recursos económicos que se encontraba en Múnich, especulando sobre la manera de conseguir abaratar la reproducción de sus escritos. Después de haber fracasado con varios experimentos que había llevado a cabo usando como base láminas de cobre, gracias a una anotación fortuita que se había realizado sobre una piedra caliza, Senefelder fue capaz de descubrir los principios básicos de la “polyauthografia”, nombre con el que se designó en un principio a la técnica de impresión mediante litografía. 

Las litografías más antiguas estuvieron subordinadas a la condición de privilegios exclusivos para su explotación, lo que limitó con creces su difusión. De hecho, la venta de la forma en que se llevaba a cabo el proceso litográfico fomentó cierto secretismo al respecto, lo que dotó a todo el proceso que rodeaba la creación de estas primeras litografías antiguas de un aire de cierto misterio. Quienes desconocían el fenómeno fisicoquímico de la mutua atracción de las diferentes materias grasas y el rechazo recíproco de estas y el agua, veían en ello algo de conocimiento ocultista, no carente de cierta magia que no llegaban a comprender. 

A causa de ello, se publicaron noticias sobre el tema y, más adelante, se editaron manuales que definían el proceso y su evolución. Sin embargo, la falta de transparencia siguió siendo constante, puesto que cada innovación o actualización del proceso se guardaba con celo, lo que hacía que tardase mucho tiempo en llegar al gran público. 

Finalmente, a partir de la primera y segunda décadas del siglo XIX, empezaron a abrir por toda Europa las primeras imprentas que utilizaban técnicas litográficas en la impresión y estampación de sus publicaciones. En sus inicios, estos primeros talleres se decantaron por la producción industrial, especialmente en la estampación de textos, mapas y partituras musicales, y fue solo, más adelante, cuando las técnicas litográficas empezaron a utilizarse con fines artísticos. 

Las primeras litografías en Cataluña 

Las litografías más antiguas que pueden encontrarse en Cataluña tiene su origen en Carlos de Gimbernat, un naturalista que conoció la técnica en Munich en 1806 y que envió una memoria explicativa sobre el nuevo arte de impresión al gobierno español. Gimbernat fue discípulo de Senefelder en el arte litográfico, y se ocupó en imprimir con la nueva técnica unos mapas geológicos y editó en castellano el Manual del soldado español en Alemania (1807), que incluía un mapa litográfico iluminado y una viñeta en el frontispicio.

Sin embargo, las consecuencias de la Guerra de la Independencia Española (llamada también Guerra del Francès en Cataluña) (1808-1814) impidieron que las tentativas de precursores como Gimbernat pudieran prosperar y conseguir la expansión de la litografía. De hecho, la situación bélica generalizada en toda Europa durante las primeras décadas del siglo XIX frenó considerablemente la expansión de la litografía en todo el continente. Por ese motivo es destacable el hecho de que la primera publicación destinada a la difusión de la nueva técnica litográfica en la Península Ibérica se llevará a cabo en Cataluña. En este caso, se trata del primer número de las Memorias de Agricultura y Artes, que vio la luz en Barcelona el 20 de enero de 1819. 

También en 1819, Antoni Brusi i Mirabent, editor del “Diario de Barcelona”, creó un taller de litografía en la ciudad condal, iniciando así una larga trayectoria de hermandad entre litografía y periódicos, que estuvo vigente hasta que la introducción de nuevas técnicas, como el fotograbado, terminó por desbancar al arte litográfico de la mayoría de las imprentas de los diarios. A partir de entonces, su uso quedó relegado a los carteles y a los trabajos comerciales. Sin embargo, más tarde, la técnica sería recuperada por el mundo del arte, que vería en la técnica de la litografía antigua una forma de expresión plástica igualmente válida que otros soportes, y con una capacidad de difusión mucho mayor y más rentable.

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