Apuntes de arte

La gran odalisca: la polémica obra maestra de Dominique Ingres

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En el Salón de París de 1819 un cuadro acaparó toda la atención y creó una enorme polémica en la que opinó toda Francia. El cuadro de Dominique Ingres, La gran odalisca (1814), también llamado Una odalisca, fue acusado de obsceno por la crítica al mostrar el desnudo de una mujer sensualmente tumbada en un harén. Otros, sin embargo, supieron valorar la exquisitez de la obra, y hasta el rey Luis XVIII quiso hacerse con ella.

la gran odalisca
La gran odalisca, Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1814. Imagen: Musée du Louvre

Una personalidad de prestigio

Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867) fue un artista con gran influencia en el Romanticismo europeo, además de tener un peso importante en la sociedad francesa del momento como demuestran sus años como senador. Sin embargo, su carrera artística no fue un camino de rosas, y es que sus obras no siempre encajaron con la sensibilidad de la crítica contemporánea.

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Nacido en la villa occitana de Montalbán, Ingres se formó en Toulouse en arte y música. En 1801 ganó su primer premio importante, el Prix de Rome, con la tela Los embajadores de Agamenón. Ya entonces exhibía su precisa técnica neoclásica, inspirada en el arte antiguo griego y romano, una sensibilidad que nunca abandonaría por completo. La fama del premio le llevó a retratar a Napoleón Bonaparte como primer cónsul, y a poder irse a Roma en 1806.

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Bonaparte, primer cónsul, Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1803-1804. Imagen: Wikipedia Commons

Sin embargo, los cuadros que pintó en la capital italiana, como Bañista de espaldas (1808) y Júpiter y Tetis (1811) no fueron bien acogidos por la crítica francesa. La gran odalisca, pues, tuvo una suerte similar, aunque el gran revuelo que causó ayudó a hacer su nombre todavía más conocido. 

En las décadas de 1820 y 1830 alternó su residencia entre Italia y París, y tuvo algún otro desengaño con el mal recibimiento de otras de sus obras. Finalmente, se reconoció su grandísimo talento y fue acogido triunfalmente en París en 1841, donde fue elegido presidente de la École des Beaux-Arts. Sus años como senador significaron la culminación de un estilo a caballo entre el Neoclasicismo y el Romanticismo, mito de perfección y equilibrio.

El escándalo de la odalisca

La famosísima obra de La gran odalisca fue encargada por el matrimonio Murat, para su palacio de Nápoles. El cuadro muestra una mujer desnuda y de espaldas, con solo tres cuartas partes de su cara y con un turbante atado en la nuca. La odalisca está medio reclinada en una cama azul y rodeada de sensuales telas de seda y pieles, así como detalles de lujosa joyería y complementos. 

La atrapante mirada de la modelo y la sensualidad de sus formas causaron un gran impacto en el Salón de París de 1819, donde Ingres expuso la obra tras recuperarla. No era habitual, en la época, la exhibición de la desnudez, especialmente si no tenía una justificación temática en la obra. El evidente componente sexual de la escena escandalizó a la crítica, que se burló del cuadro y le buscó defectos a la anatomía de la modelo.

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La gran odalisca, Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1814. Imagen: Musée du Louvre

El debate fue tan intenso que el mismo rey Luis XVIII acudió al Salón para ver a la odalisca, y quedó prendado de ella, hasta tal punto que quiso comprarla, aunque un rico banquero se le adelantó. Los partidarios de la obra de Ingres fueron claramente unos visionarios, y es que el valor artístico de La gran odalisca ha resultado ser incontestable por su gran influencia en el movimiento del Romanticismo, por su temática orientalista y por haberse convertido en un ejemplo iconográfico de la belleza.

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