Apuntes de arte

«La alegría de vivir» de Matisse, una pintura polémica

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

Estamos ante un gran cuadro, y no solo en sentido pictórico, también por cuestiones físicas: mide 176,5 x 240,7 cm. Sin lugar a dudas, esta obra, de Matisse, representó todo un acontecimiento para el modernismo europeo. La paleta de colores elegida por el artista, la distorsión anatómica y las diversas escalas usadas provocaron en el público una auténtica sorpresa. En este post analizamos La alegría de vivir, de Matisse, y la polémica que provocó.

La alegría de vivir, de Matisse: obra sensual y controvertida

Esta obra desprende sensualidad por los cuatro costados. Dicha creación muestra una gran cantidad de figuras, 16 exactamente, que, en un entorno natural, bailan y tocan diversos instrumentos.

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Henri Matisse representó a dichas figuras en diferentes poses y se basó en estilos variados para crearlas, lo que es una muestra de diversas señales culturales.

El erotismo de la obra viene dado, en gran parte, por la fuerza rítmica que le da la línea arabesca, que recorre toda la obra, envolviendo las figuras que la componen. Es la evolución de esta línea arabesca la que insinúa el desarrollo temporal de la obra, en una analogía con el poder evocador de la música, presente en el cuadro a través de los instrumentos que algunas figuras tocan y de los bailes de otros protagonistas.

En La alegría de vivir de Matisse también destacan diversas discordancias en la estructura pictórica, como las incongruencias en el tamaño de las figuras, la perspectiva y el punto de vista.

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La alegría de vivir, Henri Matisse, 1905-1906. Imagen: The Barnes Foundation

La reacción del público

El autor exhibió su obra por primera vez en el Salon des Independants, en París, entre el 20 de marzo y el 20 de abril de 1906. Y el público no quedó indiferente. No tanto por el tema como por la realización: las diversas escalas utilizadas, la distorsión de las figuras y los vistosos colores utilizados.

Esta mezcla de recursos hizo que la obra se percibiera como monstruosa, pues sus incongruencias estilísticas ponían en cuestión el dogma clásico que se enseñaba en la École des Beaux-Arts. Matisse, pues, quiso provocar presentando La alegría de vivir en el Salon des Independants.

La obra fue adquirida por Leo y Gertrude Stein quienes, cuando concluyó el Salón, la exhibieron en su apartamento, donde sus visitantes podían admirarla. Entre estos visitantes se encontraba Picasso, cuyo impacto ante la obra fue el inicio de la rivalidad con Matisse.

La alegría de vivir de Matisse: análisis de la obra

Gran parte del efecto que crea en el espectador La alegría de vivir se debe a la fuerza centrífuga de la composición. La clave de esta fuerza reside en el anillo central, que muestra un grupo de figuras bailando y cuyo carácter hipnótico es innegable. El movimiento giratorio de este anillo central hace que la mirada del espectador se disperse, desplazándose por el resto de la obra.

Además de todo este movimiento, también destacan la unión de los planos de color, que se entremezclan con el follaje, la línea sinuosa que sube hacia el cielo desde la mano de una de las figuras situadas a la izquierda, y los halos que destacan a las dos figuras centrales.

La pieza en cuestión es un lienzo, pero reúne muchas características propias de un mural, como la luminosidad y el hecho de que se base en la transparencia de la capa de pintura. En algunas zonas la pintura se diluye y se aplica como una capa fina, provocando que en algunos lugares incluso se vea la imprimación blanca. En otras zonas, en cambio, los colores son más espesos y opacos.

En cuanto a las figuras, estas están pintadas sin modelar con colores, tonos planos de rosa, amarillo y verde, puros con efecto mate.

Esperamos que este post sobre La alegría de vivir de Matisse, haya servido para acercarte un poco más a la obra de este genial artista modernista europeo.

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