Apuntes de arte

Joyería de diseño vanguardista en Cataluña: Manuel Capdevila

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

El mundo de la joyería en Cataluña ha tenido una saga protagonista desde principios del siglo XX: se trata de la familia Capdevila. Cuatro generaciones de artistas artesanos que influyeron en la joyería de diseño actual catalana. En este artículo analizaremos, más concretamente, la obra vanguardista de Manuel Capdevila, que destacó por incorporar materiales revolucionarios al proceso de creación.

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La joyería de diseño de Manuel Capdevila

La obra de Manuel Capdevila Massana (1910-2006) estuvo influenciada por el momento histórico que vivió el arte catalán en los inicios del siglo XX, especialmente por las vanguardias artísticas.

Cuando, en 1852, dejó de ser obligatorio el examen de pasantía para ser maestro joyero, se inició una nueva etapa industrial que provocó la aparición de nuevos artesanos. El Modernismo, el Noucentisme, la modernidad Decó y las vanguardias son las líneas por las que transita la joyería catalana de la época.

La fabricación de moldes a partir de un proceso más mecanizado, hizo que se pasara de la orfebrería artesanal a la producción en serie. Masriera, Soler, Carreras, Cabot o Macià son algunas de las sagas de joyeros que vivieron la expansión de Barcelona, cuando las joyerías se desplazaron hacía locales art decó del Paseo de Gracia.

La pasión por la joya de Manuel Capdevila

En este momento, un joven Manuel Capdevila, que heredó de su padre la pasión por la joya, inicia sus estudios y aprende el oficio en el taller familiar. En el año 1926 realizó una estancia de 6 meses en París, donde quedó impresionado por el vanguardismo, la libertad de expresión y el uso del color.

En 1933, al restablecerse la Generalitat de Catalunya, recibió el encargo de construir la Medalla Pectoral de Oro del Presidente del Tribunal de Casación de Catalunya, que hizo en colaboración con el escultor Charles Collet.

Cuando, en 1936, estalló la guerra civil, Manuel Capdevila se encontraba en Milán, donde había sido invitado como orfebre a la Triennale. En ese momento decidió trasladarse a París, donde residió durante toda la guerra, y desde donde siguió desarrollándose como creador vanguardista.

Siendo conocedor de las diferentes corrientes artísticas del momento, entre las que destacaba la línea organicista de Joan Miró, Capdevila realizó una colección de broches de plata y urushi (laca japonesa), de tono entre cubista y surrealista.

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Guitarra, Manuel Capdevila, 1937
Plata, urushi y perla
Imagen de patrons
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Acuario, Manuel Capdevila, 1937
Plata y urushi
Imagen de capdevilajoiers

Aunque esta colección de broches se expuso en el Salón de Otoño de París, recibiendo críticas muy positivas, en España pasaron muy desapercibidos, dado el momento crítico que vivía el país, en plena Guerra Civil. No fue hasta el año 1966 que Alexandre Cirici y Joan Perucho los recuperaron en una exposición en el colegio de arquitectos.

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La España replegada, Manuel Capdevila, 1937
Plata, laca japonesa, cáscara de huevo
Imagen museunacional
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Ritmes, Manuel Capdevila, 1937
Plata, laca japonesa
Imagen de museunacional
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Peix, Manuel Capdevila, 1937
Plata y laca japonesa
Imagen de museunacional

Estos broches son pequeñas esculturas con incrustaciones de laca urushi, diamantes e incluso cáscara de huevo, y son altamente representativos de las vanguardias en Catalunya.

A Capdevila le gustaba incorporar nuevos materiales en sus creaciones artísticas, como demostró con la laca japonesa de estos broches, que él había trabajado en París con Ramón Sarsanedes, gran lacador.

Actualmente, estos broches pueden contemplarse en el Museu Nacional d’Art de Catalunya.

En 1939 Capdevila volvió a Barcelona y tomó el mando del taller familiar, dedicándose también a la docencia en la Escuela Massana.

En su actividad artística destacan las temáticas florales, junto con joyas austeras y sutiles. El uso de la laca y el color siempre fue muy importante en su obra. Los tonos rojos, negros brillantes y la mezcla con la cáscara de huevo otorgan un cromatismo muy específico y definidor a sus creaciones.

En 1947, con razón de la entronización de la Virgen de Montserrat, se le encargó la Lámpara del Santísimo. Éste fue sólo el inicio de una larga lista de encargos procedentes del monasterio.

Durante los años 50 Capdevila quiso renovar la joyería, y para ello experimentó con diversos elementos, de nuevo la innovación en los materiales, que recogía en la naturaleza: pequeñas ramas, guijarros, fósiles… Con todo ello creaba joyas innovadoras y sencillas, aunque exuberantes.

Sus diseños se conocían en todo el mundo y expuso en diversos países. Fue el encargado de diseñar el sencillo anillo de plata del papa Francisco:

En el año 1970 cedió la gestión del taller a su hijo, Joaquim Capdevila i Gaya, para dedicarse más a la pintura, aún sin abandonar la joyería.

La obra de Manuel Capdevila y de su familia es de las que mayor tradición y legado han dejado en la joyería de diseño actual. Joyas rompedoras, avanzadas a su tiempo, que pretenden mostrar el carácter innovador del pueblo catalán.

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