Apuntes de arte

Cuatro esculturas del romanticismo francés que no te puedes perder

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

En este artículo hablaremos sobre las esculturas del romanticismo francés a través de obras de François Rude, Antoine-Augustin  Prèault, Antoine-Louis Barye y David d’Angers. 

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La Marsellesa, 1835

La Partida de los Voluntarios (La Marsellesa), Françoise Rude, 1835. Imagen: Detroit Institute of Arts

A través del poderoso lenguaje de la alegoría clásica, en este alto relieve Françoise Rude conmemoró un momento crucial de la historia moderna de Francia: la Partida de los Voluntarios en  1792, el primer ejército ciudadano de Francia formado para responder a la amenaza de la invasión prusiano-austríaca que intentaba restaurar la monarquía borbónica.

Hombres de todas las edades, vestidos con armaduras clásicas y portando armas antiguas, se reúnen bajo el mando de una feroz guerrera alada que luce  un gorro frigio (utilizado por los esclavos liberados en la Roma antigua) y que representa el espíritu de victoria de la Libertad: el espíritu de la Revolución Francesa de 1789

Este alto relieve forma parte de la decoración del Arco del Triunfo de la Plaza de l’Étoile en París. 

Filopemén herido, 1837

Filopemén herido, David d’Angers, 1837. Imagen: Musée du Louvre

Filopemén fue un estratega militar griego conocido por su valentía. Gracias a su coraje y a su patriotismo, se convirtió en un ejemplo de virtud y, por lo tanto, en un referente.

En esta escultura, David d’Angers lo representa herido durante una batalla. En su rostro se percibe tanto su dolor como la feroz determinación de regresar a la lucha. En este heroico desnudo de estilo antiguo, d’Angers añade movimiento, expresividad y una energía controlada. El escultor conservó varios atributos del guerrero como el yelmo cimbrado o la espada. 

Lo que más destaca de esta obra es que el escultor se deshizo de la pureza de las líneas y los rasgos faciales idealizados propios de la Antigüedad, para cargar la escultura de la fuerza expresiva del espíritu romántico. 

El silencio, 1842

El silencio, Antoine-Augustin Préault, 1842. Imagen: Dallas Museum of Art

Préault diseñó El silencio para la tumba de Jacob Roblès en Père Lachaise, uno de los cementerios más grandes y famosos de París. 

El misterio de esta composición de Préault que solo representa un rostro y una mano se ve aumentado por los contrastes de sombra y de luz. El ropaje, lineal, envuelve el rostro de una figura andrógina demacrada, con las manos esqueléticas y los ojos medio cerrados. 

El gesto del dedo levantado hasta los labios era común en esculturas funerarias que glorificaban a los muertos en la Antigüedad. Los retratos o relieves realizando este gesto tenían como intención evocar recuerdos agradables del difunto. Sin embargo, Préault rompe con El silencio los cánones establecidos al evocar de manera brutal la fragilidad y la muerte. El marco de madera, oscuro e incluso soberbio, realza la melancolía que transmite la escultura. 

Jaguar devorando a una liebre, 1850

Jaguar devorando una liebre, Antoine-Louis Barye, 1850. Imagen: Dahesh Museum of Art

Antoine-Louis Barye  fue uno de los escultores de animales más populares del siglo XIX y Jaguar devorando una liebre es una de las obras más características de su producción  romántica. Esta escultura en bronce muestra el cuerpo de un jaguar que se alarga con fuerza, frente a la figura blanda de su presa aterrorizada. 

La exposición de esta obra en el Salón de París de 1851 entusiasmó a la crítica. Edmond de Goncourt escribió que con esta escultura, «la escuela del historicismo había muerto, dando paso a un arte que era a la vez visible y palpable».

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