Apuntes de arte

El minotauro en Picasso: reinvención del mito

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

El minotauro es un ser mitológico proveniente de la cultura clásica. Es un personaje que reaparece de forma recurrente en multitud de ocasiones a lo largo de la historia del arte, representando, la mayoría de ocasiones, la fuerza bruta y la parte bestial que subyace en el propio ser humano. Sin embargo, la figura del minotauro en Picasso toma un cariz propio, como una representación personal del artista en uno de sus períodos de creación más destacados. Constituye, de un modo u otro, un alter ego del propio pintor.

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¿Quién era el minotauro?

La figura del minotauro se retrotrae a la antigüedad clásica, al mito del famoso laberinto de Creta. Según se cuenta, este extraño animal nació del encuentro entre un toro y Pasifae, la esposa del mítico rey Minos. Cuando la mujer dio a luz a esta bestia, con cuerpo humano y cabeza de toro, Minos ordenó a Dédalo que construyera un laberinto en la isla de Creta para que sirviera de prisión para encerrarlo. Permaneció oculto allí hasta que, finalmente, fue asesinado por el héroe Teseo.

Desde entonces, el minotauro ha estado siempre asociado en el imaginario popular a una representación que aúna, en un mismo ser, la parte racional y la parte animal del ser humano. Una especie de recordatorio de que, debajo del aspecto civilizado del hombre, existe una parte completamente irracional, donde gobierna el instinto y la pasión, una fuerza bruta que, a pesar de las apariencias, está ahí latente y que puede despertar en cualquier momento. 

La figura del minotauro en Picasso 

La figura del minotauro aparece en la obra de Picasso a lo largo de la mayor parte de su trayectoria. Sin embargo, para Picasso, esta bestia mitológica se torna en una figura menos monstruosa que la imagen que hemos heredado del mito griego. Para el artista, los minotauros son afortunados habitantes de la isla de Creta. Picasso imagina a los minotauros como seres que disfrutan de la vida bohemia en el entorno incomparable del mar Mediterráneo, rodeados de obras de arte, riquezas materiales y bellas mujeres. Sus casas son el entorno perfecto para las reuniones nocturnas que se terminan convirtiendo en orgías donde satisfacer sus instintos más originales. Todo ello, dotado de una atmósfera primitivista, como si el pintor quisiera recuperar una especie de paraíso perdido donde el ser humano puede comportarse como el buen salvaje que en realidad es, entregado a los placeres del sexo y el arte.

La primera aparición del minotauro en la obra de Picasso data de 1928, momento que se corresponde con el período de plenitud en la producción del pintor. Esta representación se mantendrá constante hasta 1937 cuando, a partir de la realización del Guernica, el minotauro (así como el toro en un sentido más amplio) reaparece liberado de toda la carga teórica que lo había acompañado con anterioridad. Aun así, el minotauro en Picasso seguirá constituyendo un tema recurrente en su obra, al menos hasta 1958. 

Un alter ego del artista

El minotauro en Picasso cumple una función que va más allá del mito original y la reinterpretación que el pintor hace del mismo. De hecho, para Picasso constituye un alter ego de sí mismo. El minotauro es una de las líneas que conecta los diversos recorridos que el pintor establece consigo mismo a través de la pintura, del mismo modo que el arlequín se corresponde con el alter ego de la época rosa del artista. 

En este sentido, el minotauro se corresponde con la manera en que Picasso se ve a sí mismo en su período de mayor productividad artística. Es decir, representa una forma idealizada con la que se reconoce. Picasso se identifica con la fuerza bruta del monstruo, desligado del marco restrictivo que representan los círculos académicos. Se identifica con el animal mitológico, dotado de fuerza bruta y virilidad que es, al fin y al cabo, una fuente de energía creadora de la naturaleza, igual que el propio autor constituye una potencia creadora en el arte. De esta manera, el pintor se identifica con el animal mitológico de una forma completamente desligada del mito original, incorporando, a su corpus personal, un significado novedoso y positivo al mismo tiempo de esta bestia de la antigüedad clásica. 

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