Apuntes de arte

Cinco cuadros de Miró que marcaron la vida del pintor

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?
Joan Miró. Imagen: enciclopèdia.cat

La carrera de Joan Miró (1893-1983) estuvo marcada por una búsqueda más allá de sí mismo y de las corrientes artísticas de la época. Su inconformismo lo mantuvo en una evolución continua que dejó una obra ecléctica y un estilo y lenguaje propios. En este artículo recorremos su vida y obra de a través de los cinco cuadros de Miró más emblemáticos.

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La masía, 1922

La masía (1922) representa la época en la que Miró estaba en contacto con dos mundos opuestos. Por un lado, los veranos en Mont-roig del Camp y la casa de campo familiar, que representó en esta obra. Por otro lado, París, ciudad a la que viajó por primera vez en 1919 y que se convertiría en su hogar y refugio en los años venideros. Allí conoció a los mayores intelectuales y artistas de la época, como Picasso o Hemingway. Este último adquirió la obra La masía.

Este vaivén provocó una gran y favorable evolución en su arte. Abandonó las primeras fórmulas fauves y robustas en favor de un miniaturismo con aires costumbristas, como puede verse en La masía

Carnaval de Arlequín, 1925

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Carnaval de Arlequín, Joan Miró, 1925. Imagen: Albright-Knox Art Gallery

En el Carnaval de Arlequín (1925) se aprecia el paso del artista hacia el símbolo puro, influenciado seguramente por el contacto que mantenía con el grupo surrealista. El surrealismo, surgido en el París de los años 20 a raíz del dadaísmo, se basa en el mundo de los sueños y del subconsciente como forma de alcanzar un automatismo psíquico durante la creación artística.

Miró firmó el primer Manifeste du surréalisme (1924), escrito por André Breton, que pretendía recoger las bases de este movimiento. Pero el artista catalán dejó rápidamente atrás esos preceptos, ya que su obra era demasiado compleja como para adscribirse a una ortodoxia determinada.

Interior holandés, 1928

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Interior holandés, Joan Miró, 1928. Imagen: Universidad Francisco Marroquín

El final de la década de los años 20 y el principio de los años 30 representan un momento álgido en la vida de Miró. En 1929 se casa con Pilar Juncosa, y en 1931 nace su hija Dolors. El artista vive su primer gran hito a nivel internacional en 1928, cuando el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) le compra dos telas. Sin embargo, durante esos mismos años, Miró estaba afrontando una profunda crisis artística.

Es la época que él denominó el asesinato de la pintura, en la que puso en duda todas las fórmulas artísticas que había conocido y usado hasta el momento. Con la serie Interiores holandeses (1928), el artista explora nuevos terrenos lanzándose de pleno al juego y a la poesía.

El segador, 1937

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El segador, Joan Miró, 1937. Imagen: Universitat de Barcelona

La crisis artística de Miró se agudizó con la llegada de la Guerra Civil. Este conflicto le llevó a convertir su hogar artístico de París en un refugio para él y su familia. Sin haber sido considerado un pintor especialmente político hasta el momento, durante esos años plasmó su compromiso republicano en sus obras.

Con obras como Aidez l’Espagne (1937) y El segador (1937), obra que se expuso en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1938, plasmaba la fuerza y el dolor del pueblo español.

Constelaciones, 1940-1941

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La estrella matinal, Joan Miró, 1940. Imagen: Fundació Joan Miró

La madurez en la vida y obra de Miró llegó con el finde la crisis artística y con la evasión del dolor causado por la guerra. Esta nueva etapa se caracteriza por una mirada al cielo, tal y como se muestra en la serie Constelaciones (1940-1941). En esta época entró en juego un nuevo escenario, Mallorca. La isla, al contrario de Mont-roig, que le servía como tierra donde echar raíces, era el cielo donde construir su sueño. 

En esa etapa, Miró desarrolló un lenguaje y mitología propios, que aparecen en sus pinturas y esculturas de madurez. Figuras como la mujer, el pájaro, las estrellas, la luna y el sol adquieren un significado propio en su obra: son un reencuentro del artista con su infancia.

Volviendo a los orígenes Miró cerró el círculo de una carrera artística brillante, marcada por los diferentes escenarios de su vida, el contacto con los grandes artistas del momento y por los traumáticos eventos históricos de la época.

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