Apuntes de arte

Los 6 cuadros artísticos más destacados del vanguardismo catalán

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

Los diferentes movimientos vanguardistas implican una superación los límites de lo que, hasta ese momento, se aceptaba como correcto, buscando la libertad de expresión y abordando temas tabú.

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En este artículo queremos analizar algunos de los cuadros artísticos más destacados del vanguardismo catalán, por lo que te presentamos una muestra de 6 obras:

Los cuadros artísticos más destacados del vanguardismo catalán

“Las señoritas de la calle Avinyó”, Pablo Picasso, 1907

cuadros artísticos
Las señoritas de la calle Avinyó, Pablo Picasso, 1907

Este es un cuadro proto-cubista con el que Pablo Picasso (1881-1973) cambió el arte para siempre, dando inicio al cubismo. Con esta obra Picasso buscaba romper con lo establecido y abandonar el realismo: aquí, el cuerpo desnudo de la mujer no es más que un conjunto de planos angulares.

Muchos de sus colegas pintores de la época se escandalizaron al ver esta obra: tan alejada del realismo del momento y con una clara influencia del arte y las máscaras africanas, Las señoritas de la calle Avinyó dan pie a múltiples interpretaciones. La que más fuerza es la de la relación entre el sexo, el placer y la muerte.

A pesar de que en un inicio la figura de la izquierda iba a ser un hombre, en sus innumerables modificaciones de Las señoritas de la calle Avinyó, Picasso decidió que todo el protagonismo lo acabaran teniendo las cinco mujeres: cinco prostitutas sobre las que el artista refleja por igual la veneración del placer sexual con el peligro mortal de las enfermedades venéreas.

“La persistencia de la memoria”, Salvador Dalí, 1931

También conocida como Relojes blandos, La persistencia de la memoria es una de las creaciones más conocidas de Salvador Dalí (1904-1989), donde el artista refleja la preocupación sobre la imposibilidad de controlar el tiempo. Es una obra representativa del surrealismo, objeto de múltiples interpretaciones. Se puede incluir en el método paranoicocrítico, según el cual Dalí se induce alucinaciones psicóticas para crear.

Se trata de una pieza que reproduce tres relojes blandos y uno rígido, en Portlligat. Los relojes blandos muestran horas diferentes, insinuando la relatividad del tiempo y la angustia por controlarlo. El reloj rígido no muestra la hora (está colocado boca abajo) y está cubierto de hormigas. Esto podría simbolizar la decadencia.

“Paisaje catalán (El cazador)”, Joan Miró, 1924

Con Paisaje catalán Miró homenajeó Mont-Roig del Camp y quiso mostrar la vida y las tradiciones catalanas y del Mediterráneo. En este cuadro, un hito en la evolución artística y conceptual de Miró (1893-1983), predominan los elementos fantásticos, usando la realidad cotidiana del paisaje campestre para transitar de lo individual a lo universal.

Representa un payés, con barretina y pipa, durante la caza, y, en la parte inferior, “la sardina enterrada”, propia de la cuaresma. El payés cazador y la sardina representan dos condiciones de existencia opuestas; la vital y la mortal. El cazador de pie simboliza las funciones vitales, mientras que el cazador sardina es la función espiritual, presente en la espiral que simboliza el aura de muchos personajes de Miró. Un gran ojo, representando una entidad superior muy frecuente en su obra, lo observa todo.

“Una boda”, Olga Sacharoff, 1921

La obra de Olga Sacharoff (1889-1967) se sitúa entre el postimpresionismo y el protocubismo. En el protocubismo destacan las pinturas distorsionadas y la geometría. Las creaciones de Sacharoff, que influyeron en el arte catalán, se distinguen por sus pequeñas pinceladas y la situación de los elementos en el cuadro crea escenas complejas y simétricas.

Otra peculiaridad de Sacharoff es que dibujaba los ojos huecos, con la pupila ocupando toda la córnea. Parecía que sus personajes llevaran una máscara. En este caso, Una boda representa una escena nupcial con multitud de personajes en un bosque. Es un fantástico ejemplo de su estilo, de un primitivismo amable, colorista y luminoso.

“Un mundo”, Ángeles Santos, 1929

En este gran lienzo Ángeles Santos (1911-2013) representó su imaginario con solo 18 años, tras sus primeras lecciones de pintura. Un mundo no esférico, sino cúbico, con figuras femeninas en procesión mientras el sol ilumina las estrellas. Es una pintura próxima al realismo mágico, de técnica austera, entre el figurativismo y el surrealismo.

Fue una artista nómada, debido a la profesión de su padre, funcionario de aduanas. En El mundo vemos un mapa de España en un mundo cuadrado, donde Portbou, Valladolid y Huelva son el núcleo de un universo flanqueado por ángeles.

La obra de Santos se caracteriza por el aspecto lánguido de los personajes, los tonos azules y la mezcla del mundo terrenal con el celestial.

“El hambre”, Remedios Varo, 1938

Esta obra de Remedios Varo (1913-1963) fue una de las dos pinturas de la artista que formaron parte de la colección particular de André Breton, el fundador del surrealismo. Esto muestra su importancia histórica y cultural, que comparte motivos (los enormes dientes) con las figuras surrealistas de Picasso. Es una de las pocas creaciones de Varo de formas geométricas abstractas.

Remedios Varo, una de las pintoras más destacadas del surrealismo, llevó a cabo diversos “cadáveres exquisitos”, juego con el que los surrealistas creaban obras colectivas. Las temáticas de su obra son el mundo onírico, el subconsciente, el misticismo y el simbolismo.

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