Apuntes de arte

¿Qué significan las cajas metafísicas de Oteiza?

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

Jorge Oteiza (1908-2003) es uno de los artistas vascos más destacados del siglo XX. Su obra influyó, ya sea a nivel plástico o teórico, campos tan diversos como la escultura, la pintura, la arquitectura, la poesía, el cine, la educación o la política. Una de sus obras escultóricas más destacadas es la serie de cajas metafísicas. En este artículo explicaremos el significado de la caja metafísica de Oteiza.

El artista y la caja metafísica

Jorge Oteiza, nacido en Orio en 1908, empezó su actividad escultórica dentro del campo del expresionismo. Tras una larga estancia en Sudamérica, desarrolló su propia estética a partir de la cual, tras regresar a finales de los años 40, la escultura masiva se desmaterializó. Es decir, la estatua-masa dió paso a la trans-estatua; un tipo de escultura capaz de liberar energía gracias al uso de unidades ligeras.

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Oteiza trabajó su propósito experimental para definir unidades abiertas, usando el vacío y lo negativo. Llevó a cabo este proceso a partir de un gran número de pequeñas maquetas, de materiales básicos, que formaron el Laboratorio Experimental.

Se trataba de esculturas de piedra o de finas chapas de metal, organizadas por “familias experimentales”: Desocupación de la esfera, Apertura de poliedros, Construcciones vacías, Cajas vacías, etc.. En este sentido, las esculturas mínimas y vacías que realizó entre 1958 y 1959 han sido consideradas un precedente del minimalismo.

Oteiza se enfrentó en este momento a un dilema ético sobre si, tras concluir el proceso experimental, debía renunciar a su práctica profesional y buscar nuevos modos de intervención creativa. Concluyó decidiendo abandonar la escultura, aunque se encontraba en la cima de su carrera artística.

A partir de entonces, Oteiza escribió diversas obras teóricas, como Quousque Tandem!, en la que habla del espíritu vasco, o Ejercicios Espirituales en un Túnel, prohibida por la censura franquista. También experimentó en el campo cinematográfico y retomó su actividad poética.

En 1988, una exposición antológica en Madrid, Bilbao y Barcelona, además de la invitación al Pabellón Español de la Bienal de Venecia, le supusieron una gran repercusión internacional.

Tras su muerte en 2003, el Museo Guggenheim organizó, en Bilbao y en Nueva York, una importante retrospectiva de su obra.

En Cataluña se pueden admirar dos esculturas de Oteiza: La ola, 1998, en la sede del MACBA y Homenaje a Malevič, 1999, en el Parc del Nord de Terrassa.

Caja metafísica de Oteiza: las cajas vacías

A mitad de la década de los 50, su etapa más fértil como escultor, Oteiza empezó a investigar el cuadrado y el cubo como unidades esenciales.

Sus esculturas de hierro, acero o piedra muestran su concepción de volúmenes cerrados, caracterizados por el hecho de mostrarlos como presencias metafísicas en lugar de como ausencias de masa sólida. Oteiza buscaba capturar la esencia del vacío, que genera, a la vez, energía espiritual y física.

En 1957 editó Propósito experimental, 1956-57, obra en la que plasma los principios teóricos de su escultura. En esta publicación Oteiza reflexiona sobre el vacío y el silencio que encuentra en sus creaciones. Estos principios teóricos se reflejaron en su obra posterior, como la desocupación del cubo en Cajas vacías.

Dicho trabajo surge del principio según el cual toda práctica artística surge de un vacío que es la nada, que a su vez acaba alcanzando una nada que lo es todo.

Oteiza empezó con ensayos de pequeñas maquetas, y agrupó según el tipo de problemas que presentaban. Las denominó “familias experimentales” o series.

Fue en 1958 cuando el escultor vasco empezó sus obras conclusivas; signos espaciales geométricos y libres de materia, considerados precursores de la escultura minimalista.

Con la serie Cajas vacías buscaba explorar los límites del cubo y las fronteras del vacío interior. Por ejemplo, Caja metafísica por conjunción de dos triedros, 1959, forma parte de la serie dedicada a Construcciones vacías y a las Cajas metafísicas.

En ella Oteiza, que utiliza una combinación de planos escalonados y volúmenes espaciales, tanto internos como externos, opone la biología o la física, ancladas en la realidad, a la rigidez de la matemática.

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Caja metafísica por conjunción de dos triedros, Jorge Oteiza, 1959. Imagen: Macba

Se trata de un ejemplo excelente de las cajas metafísicas de Oteiza, en la que se origina un espacio oscuro y lleno de misterio. Además, cuando las cajas se sitúan sobre una base de piedra o mármol se hace más evidente lo que busca el artista: crear la sensación de espacio sagrado.

En Caja vacía con gran apertura (1958) Oteiza muestra una caja muy sutil, en la que espacio y forma fluyen más que en otros objetos de la serie.

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Caja vacía con gran apertura, Jorge Oteiza, 1958. Imagen: Guggenheim

Tras experimentar con diversas formas geométricas, Oteiza encontró en el cubo aquello que buscaba; la manera de definir un espacio vacío para que pudiera llenarse de energía espiritual.

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