Apuntes de arte

Arte y política: Tàpies, compromiso por una nación

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

En la obra de Antoni Tàpies (1923-2013) se pueden encontrar numerosas muestras de vindicación de la nación catalana. Su obra es, sobre todo a partir de los años 60, una clara mezcla de arte y política, el reflejo de la inquietud y la lucha por la libertad de Cataluña. En este artículo encontrarás un análisis de esta época.

Tàpies, la unión de arte y política

En el año 1966, Antoni Tàpies respondió por escrito un cuestionario que le envió Josep Carles Clemente. En las respuestas, Tàpies dejó claras sus opiniones políticas, y lo hizo tan explícitamente que decidió no enviarlo de vuelta. Aún hoy, el cuestionario es un documento inédito.

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De hecho, hubiera sido muy difícil que las respuestas de Tàpies vieran la luz pública, pues, entre otras cosas, se refería a España como “tierra de naufragios” y a la situación de la España de 1966 como de “posguerra civil”.

El artista siempre manifestó haber encontrado su fuente de inspiración “viviendo intensamente Cataluña”, por lo que no es de extrañar que la opresión del régimen franquista sobre Cataluña, la lengua y la cultura catalanas, fuera un poderoso impulso para su obra y su pensamiento.

Ese mismo año se aprobó la ley con la que el régimen pretendía asegurar su supervivencia a través de la restauración de la monarquía. Y es en este contexto en el que se deben valorar, tanto las opiniones expresadas por Tàpies, como la transformación y la unión de arte y política que empezó a producirse en su obra.

Arte y política en las obras de Tàpies

Es precisamente en 1966 cuando Tàpies pinta Blau amb quatre barres roges, obra que destaca por múltiples razones.

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Blau amb quatre barres roges, Antoni Tàpies, 1966.
Imagen: Tàpies, la biografia d’un compromís.

Uno de los principales aspectos que llaman la atención es el azul luminoso que domina la obra, color que Tàpies había usado muy poco hasta el momento, y nunca con tanta luz. En esta ocasión, usó el azul sobre las franjas de color negro y ocre, su gama cromática habitual desde 1953.

En cuanto a los elementos gráficos figurativos de la obra, destacan la silueta de unas gafas y el esquema de un ojo de perfil. Desde el año 1955 no se encontraban elementos identificables en la pintura de Tàpies, y en 1965 empezaron a aparecer materias en forma de partes el cuerpo y huellas de objetos diversos.

En este caso, las gafas y los ojos apuntan al registro de la visión; antes que nada, se trata de ver en medio de la oscuridad de esos años.

El contexto histórico de esta pintura es muy importante. En marzo de 1966 Tàpies participó en la Caputxinada, acontecimiento en el que se leyó el Manifiesto a una Universidad Democrática. Además de suponer la salida de la clandestinidad de la resistencia cultural y universitaria del antifranquismo. Por el hecho de participar, Tàpies pasó tres días en la cárcel.

Momentos como este marcan la participación de Tàpies en la vida de Cataluña, con la batalla por las libertades y la democracia como sinónimo de la defensa de los derechos nacionales de Cataluña. Arte y política unidas.

Otro elemento destacado de la obra son las cuatro barras rojas, que simbolizan la bandera catalana. Es importante recordar que la bandera catalana estaba prohibida desde 1939, por lo que estas cuatro barras son un gesto de reivindicación de la memoria prohibida.

También en 1966 Tàpies creó la portada del número 82 de la revista Cavall Fort. En ella concreta la significación de las barras rojas, aquí sobre fondo amarillo, y en cuyo texto reclamaba la legitimidad de la pintura para “serlo todo”. Esto significaba que la pintura podía decir lo que no se permitía decir, mostrar lo que no se permitía mostrar y, en definitiva, canalizar la voluntad colectiva que la dictadura pretendía anular.

La vindicación de Tàpies de la nación catalana quedó patente también cuando en 1970, año del proceso de Burgos, montó en Sankt Gallen Gran esquinçall, una intervención monumental de cuatro trapos rojos rotos anudados a una soga, metáfora visual de la bandera catalana.

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Blau amb quatre barres roges, Antoni Tàpies, 1966.
Imagen: Tàpies, la biografia d’un compromís.

En protesta por el proceso de Burgos, trescientos artistas e intelectuales, Tàpies incluido, se encerraron en la Abadía de Montserrat reclamando amnistía y el reconocimiento de las libertades.

Tàpies era consciente de que con su obra expresaba una voluntad colectiva. Como declaró en el diario Le Monde: “Yo trato de integrar en mi pintura todo lo que se puede sentir hoy en Barcelona: el sufrimiento, la adversidad, la cárcel, un gesto de revuelta”.

En 1971, poco después de constituirse la Asamblea de Cataluña en la clandestinidad, Tàpies hizo una de sus telas más emblemáticas; 7 de novembre, en referencia al día que se constituyó dicha asociación.

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7 de novembre, Antoni Tàpies, 1971.
Imagen: Tàpies, la biografia d’un compromís.

También de 1971 es L’esperit català, en que Tàpies grabó, sobre un fondo amarillo brillante, palabras y conceptos de fuerte reivindicación, como Llibertat, Democràcia, Visca Catalunya, Justícia, Igualtat social, Dret de rebutjar la llei, Elogi de la desobediència, El poder no fa la llei, Sobirania popular y Govern del poble. Sobre ellas destacan las cuatro franjas rojas, dominando la composición.

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L’esperit català, Antoni Tàpies, 1971. Imagen: Tàpies, la biografia d’un compromís.

Tras morir Franco, Tàpies siguió vindicando la nación catalana, como muestra tanto su obra cartelística, como el mosaico 11 de setembre (1983) o la obra Catalunya endavant (1988).

De esta época destaca, por su significación, Les quatre cròniques (1990), pintura de grandes dimensiones que representa las cuatro crónicas medievales, primeros textos extensos en catalán con ambición literaria.

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Les quatre cròniques, Antoni Tàpies, 1990. Imagen: Tàpies, la biografia d’un compromís.

Puede decirse que la vindicación de la nación de Tàpies culmina con esta obra. Es un ejercicio de memoria colectiva de las instituciones de autogobierno catalanas, que basan su fuente de legitimidad, tanto en el pasado histórico, como en la aspiración al ejercicio efectivo de la soberanía nacional.

La vindicación de la nación en Tàpies no es un elemento anecdótico, sino que vertebra su posicionamiento político, que encuentra, a partir de 1966, la formalización explícita en algunas de sus obras más significativas de esos años.

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