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Arte y naturaleza: pintura realista de Vayreda y Martí i Alsina

¿Cuánto sabes sobre la pintura del s.XX?

El arte y la naturaleza han ido de la mano a lo largo de la historia y son muchas las representaciones artísticas que se inspiran en la naturaleza, desde novelas hasta pinturas. En especial, los pintores impresionistas pretendían captar su impresión, su visión, a menudo en un entorno natural. No obstante, Courbet y su arte realista abren un nuevo camino. En este artículo analizamos, más concretamente, la vida y obra de dos artistas que marcaron esta época en Cataluña: Vayreda y Martí i Alsina.

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Arte y naturaleza en la pintura realista

En 1855 España vivía una profunda renovación cultural y artística, en la que la sociedad ya no buscaba un idealismo romántico, sino que deseaba que el lenguaje del arte fuera más próximo. En esta segunda mitad el siglo XIX el paisajismo catalán cobró una gran importancia y personalidad, como nunca hasta entonces. Dos autores destacan en este contexto: Ramón Martí i Alsina y Joaquim Vayreda.

Ramón Martí i Alsina, 1826-1894

Gran representante del realismo en Cataluña, fue uno de los primeros artistas catalanes que se enfrentó a la naturaleza estudiándola de manera abierta, al aire libre. En 1845 empezó a practicar paisajismo de marinas y panoramas de montaña, inspirado en la naturaleza.

Cuando visitó la Exposición Universal de París, en 1855, conoció la pintura realista francesa, la Escuela de Barbizon y el arte de Horace Vernet. La influencia de la Escuela de Barbizon se observa en los paisajes que Martí i Alsina pintó a principios de los sesenta.

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Paisatge de Catalunya, Martí i Alsina, 1860

Su realismo va unido a un concepto positivista de la vida y a una filiación política radical. En sus inicios destacaban las formas analíticas y el realismo, y a finales de los sesenta su estilo era más sintético y efectista.

También amplió la temática, ya que, además de los retratos, los paisajes y las vistas urbanas, aparecieron figuras y desnudos femeninos, marinas, naturalezas muertas, alegorías, e incluso composiciones históricas.

También pintó diversos episodios de la Guerra del Francés, de los que se conservan tres obras de gran tamaño:

  • Sometent. Episodi de la Guerra d’Independència
  • Compañía de Santa Bárbara
  • Los defensores de Girona: esta es una inmensa tela de más de once metros de anchura, que el pintor nunca dio por terminada.

Martí i Alsina también se interesó por la temática urbana, hecho que lo alejó un poco de los artistas de Barbizon. Buscaba nuevas formas de expresión, con pinceladas deshechas, que lo aproximaban al impresionismo.

Introdujo el realismo en la pintura catalana y fue maestro de nuevos pintores, a los que inculcó un espíritu de renovación. Uno de ellos fué Joaquim Vayreda.

Joaquim Vayreda, 1843-1894

De familia de artistas e intelectuales, fundó el Centro Artístico de Olot, germen de la Escuela Paisajística de Olot, referente del arte catalán. Aquí la pintura se basaba en lo natural, inspirada en la Escuela de Barbizon.

El paisaje es el protagonista indiscutible de las obras de Vayreda, líder del paisajismo catalán. En su primera etapa pictórica (1864-70), Vayreda retrata temáticas religiosas y paisajes, con fuerte influencia de Martí Alsina. Sus pinceladas son densas y de tonalidades marrones, verdes y ocres.

En 1871 viajó por primera vez a París, lo que permitió a su obra evolucionar según las corrientes europeas. Sus planteamientos formales y estéticos eran similares a los de Daubigny, y se interesó por los campesinos, pero no como denuncia social sino como hombres ligados al paisaje.

A finales de los setenta, la figura ya no es el centro temático sino que pasa a serlo la interpretación del paisaje.

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Paisatge d’Olot, Joaquim Vayreda

La sociedad catalana ya no solicitaba obras religiosas, sino obras realistas, claras y detallistas: fue el momento álgido de los paisajistas.

Los lienzos de Vayreda muestran espléndidos paisajes de hayedos o humedales de los alrededores de Olot. Se trata de escenas del mundo rural, con detalles impresionistas, en las que el contraluz se reflejaba magistralmente.

Hacia 1880 empezó la serie de las Primaveras, en la que se manifestó claramente el tratamiento de diversos planos. Las figuras se fueron convirtiendo en manchas de colores que obligaban a observar el cuadro de lejos. La crítica fué desfavorable, calificando estas obras de ‘esbozadas’. Esta evolución se acentuó hasta su muerte, unificando el tratamiento de los diversos planos.

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